No ficción

Suecia optó por un manejo diferente de la crisis de salud COVID-19 y escogió no aplicar un encierro total. Una costarricense cuenta cómo es estar al tanto de dos realidades diferentes y parecidas a la vez.  

 

Pamela está en el supermercado con su hija de tres años, Sofía, y hacen fila para pagar. Ambas están justo encima de las marcas que hay en el suelo. Una señora se acerca y coloca su carrito de compras detrás de Pamela y Sofía; la niña apunta sus ojos de intenso color azul hacia la señora y luego se vuelve hacia su madre.

 

“Ella no está en la marca, no está siguiendo las reglas de Corona”, le dice a su madre. De inmediato la señora nota la reacción, se disculpa y se hace para atrás. Pamela le sonríe. La señora le devuelve el gesto. Ninguna de las tres usa mascarillas.

 

Pamela es costarricense, pero vive en Linköping, a dos horas en carro de la capital sueca, Estocolmo. Ella está consciente de las reglas: aplicar el distanciamiento social, respetar las burbujas sociales, subirse al autobús por la entrada trasera para no estar en contacto cercano con el conductor. Si llegara a olvidarse de las reglas, afirma que existen carteles por todo lado.

 

Pamela y su esposo Lars, han visto pocos ciudadanos que utilicen mascarilla, y en su mayoría son personas mayores.  Suecia es el país que ‘ha hecho las cosas diferentes’ en cuánto a la pandemia del COVID-19. Desde el principio de la crisis de salud a nivel global, Suecia optó por tomar ciertas medidas sin tener que recurrir a encierros que se han visto en otros países. Pero, al tener la realidad de Costa Rica a tan solo una llamada, para Pamela ha sido difícil entender quién lo está haciendo bien.

 

“Mis papás me decían, pero, ¿cómo? ¿Está yendo a trabajar?” cuenta por la pantalla del teléfono, con Lars a su lado. Mientras ella tiene un pelo ondulado de color café, en su esposo predomina el pelo de color rojizo intenso. Ambos son psicólogos y trabajan en el sistema de salud médico. Pamela trabaja en el área de psiquiatría y Lars en el área de dolor crónico.

 

Diay, sí, mami. La psiquiatría tiene que seguir, yo le decía y más bien me preguntaba: pero, ¿están mandando a Sofi al kínder?” Para Pamela, las conversaciones de este tipo no eran sólo con su familia. “Marcela (una amiga costarricense que vive en Madrid) me contaba que ahí no podían salir para nada. Ella estaba embarazada, con una niña pequeña, y su esposo sólo podía salir a hacer las compras una vez a la semana, con un montón de recomendaciones y medidas. Mientras tanto, yo con Sofi en el bosque, en el principio de la primavera, jugando, viendo flores.”

 

Ustedes, ¿pueden salir? Le preguntaba su amiga, Marcela.

 

“Diay, sí,” era la única respuesta que tenía Pamela. Se ríe nerviosamente. “Me costó mucho entender y aceptar que nosotros podíamos hacer tantas cosas y otras personas no.”

 

Suecia actualmente atraviesa un segundo pico de casos, como se presenta en el gráfico a continuación.

Un gráfico muestra la evolución de casos COVID-19 en SueciaFuente: Folkhälsomyndigheten Antal fall av covid-19 i Sverige

 

Para el 23 de octubre, Suecia tiene un total de 5933 muertos. El país tiene un estimado de 10 368 000 habitantes y el promedio de muertes por cada 100 000 habitante es de 58.6, número doce en el mundo. Costa Rica, con una población aproximada de 5 100 000 habitantes, tiene un promedio de muertes por cada 100 000 habitantes de 23.2. El país centroamericano presenta una cifra de 1875 casos por cada 100 000 habitantes, mientras que Suecia tiene 1065.

 

Las muertes era un tema que parecía retumbar en las paredes de la casa de Pamela y Lars. En el bombardeo diario de noticias, todo el tiempo era COVID-19, muertes, Italia, España, Estados Unidos y luego, Suecia.

 

“Eso me pegó muchísimo. Ellos (la agencia pública de salud) siempre comunicaban cuánta gente estaba en UCI, cuánta gente enferma y cuántos muertos. Luego daban el pésame,” recuerda Pamela. “Todos los días.”

 

A cargo de esas conferencias está Anders Tegnell, el director de la Agencia Pública de Salud, una figura controversial por su estrategia y gestión de la crisis de salud a nivel mundial. Tal ha sido el cuestionamiento de sus acciones (no imponer un cierre total) que varios medios de comunicación han lanzado la pregunta al aire: ¿buscaba Tegnell la inmunidad en manada? A mediados de octubre, él mismo salió a reafirmar que Suecia nunca buscó la inmunidad en manada. Conforme avanzaban los meses, Pamela leía las críticas que le lanzaban al jerarca.

 

“Una crítica terrible. Aquí mismo había un grupo de científicos e investigadores que criticaron muchísimo al gobierno. Leía periódicos como el New York Times y todo era una crítica. A Tegnell hasta le mandaron amenazas de muerte. Hasta Donald Trump hacía bromas”, ella abre sus ojos con asombro. En medio de la tormenta mediática, Pamela tenía pocas opciones. “Yo pensaba: no tengo la menor idea de si están haciendo las cosas bien aquí pero no tengo otros argumentos. No te puedo decir que la gente que está encerrada está mejor.”

 

Lars coincide.

 

“Más que todo por los chiquitos, que no pueden ir a la escuela. Estar el todo el día en casa con los papás puede aumentar el riesgo de maltrato. También para las mujeres, porque puede haber más violencia doméstica. Todo eso lo han considerado (en Suecia)”, explica él. “además de que hay chiquitos cuya única o mejor comida es en la escuela.”

 

Además, para la pareja, el tener dos hijas menores de tres años e interactuar con otros chiquitos ha sido un reto. Por eso, que las autoridades hayan mantenido abiertos los kínder presenta una ventaja para ellos y para muchos padres.

 

“Es muy difícil decirle a un chiquito de dos años que, porque tiene congestión, tiene que mantener distanciamiento social”, cuenta Lars. “Es más difícil para los papás mantener la distancia y las burbujas sociales. Al parecer, ahora sale que los chiquitos no transmiten mucho el virus, pero igual, ante el mínimo síntoma, tienen que irse a la casa. Después de siete días, ya pueden volver al kínder.”

 

En su familia, no han presentado síntomas. Pero Sofía, en el invierno, siempre se despierta con estornudos.

 

“No era un problema antes, pero ahora asume que es por Corona”, Lars se ríe. Ahora, antes de ir al kínder, es sus palabras, es ‘la misma historia’ con su hija: ponerse ropa caliente, el abrigo, y sonarse la nariz. Le recuerdan a Sofía que con mocos no se puede ir al kínder. El mensaje parece haber calado. “Ella ya sabe que si tiene cualquier síntoma, tiene que quedarse en la casa.”

 

Pero, a diferencia del trabajo que han hecho los medios de comunicación internacionales para afirmar que Suecia no ha hecho nada, ambos Lars y Pamela afirman que sí han visto medidas. Han visto como se han impuesto medidas de aforo, en donde sólo pueden haber un máximo de cincuenta personas. Las empresas y negocios también siguen reglas de distanciamiento y aforo. Los colegios, universidades, eventos públicos, partidos de fútbol y conciertos estuvieron en algún punto (o siguen estando) cerrados.

 

En el sitio oficial de información sobre emergencias de las autoridades suecas Krisinformation, se encuentran otras recomendaciones y restricciones a seguir, como distanciamiento, acceso a hospitales y regulaciones en restaurantes en bares, que no están sujetos a la restricción de cincuenta personas. Pero, dichos establecimientos tienen que cumplir con otra serie de medidas, como sólo atender a gente sentada, asegurar el distanciamiento y las herramientas para asegurar que los comensales tengan cómo lavarse las manos.

 

Lars explica que estas medidas buscan, en su esencia, que el individuo asuma la responsabilidad propia al ser una parte de la sociedad.

 

Una sociedad que, de acuerdo con Pamela y Lars, hubo además de la gestión diferente, una situación beneficiosa: la parte fea de la pandemia sucedió en primavera. Las autoridades, siempre recordando medidas como el alcohol en gel y la distancia, instaron a salir a caminar y a aprovechar los parques nacionales que tiene.

 

Vaya a caminar, muévanse, nos recordaban”, cuenta Pamela, “no se podía ir a ver a familiares, porque aquí tienen que moverse grandes distancias. La gente viaja horas para ver a su familia. Es como que allá (en Costa Rica) la gente no iba a Alajuela para no colapsar el sistema de Alajuela. Aquí la gente no se movió para no colapsar el sistema de otros pueblos. Por eso, vaya al bosque.”

 

“Tenemos como cuatro parques cerca que, en realidad, son bosque, bien cuidados, y con senderos. Entonces, no se tiene que ir al mismo lugar.” Las fotos de Lars y Pamela con sus hijas en medio los nevados bosques de Linköping colman sus redes sociales. Pero, explica Lars que, con la llegada del verano, el asunto de salir a caminar se dificultó porque la mayoría de la gente quería ir a los lagos. “Al final, tuvieron que llegar policías a las playas porque había mucha gente en el mismo lugar.”

 

Para Pamela el poder caminar en el bosque no era solo una manera de despejarse, pero también un recordatorio que, a miles de kilómetros, su familia pasaba por una situación diametralmente opuesta.

 

“Mis papás me contaban que todo el día habían pasado encerrados en la casa”, Pamela muestra una sonrisa rendida, “y me preguntaban ¿ustedes qué han hecho? Y la respuesta era: pasamos todo el día afuera.” Este balance entre realidades la ha llevado, a veces, a cuestionar la realidad sueca.

 

“Como la gente hacía ese tipo de comentarios, yo me sentía cuestionada. Yo no sé si estamos haciendo las cosas bien, no estoy segura”, comenta. “Yo espero que la gente, Tegnell y todos sus asesores, tengan los fundamentos sólidos par tomar las decisiones que están tomando. Pero yo no sé si es lo mejor.”

 

En los medios de comunicación, Pamela escucha el testimonio de una enfermera de una Unidad de Cuidados Intensivos que trabajó durante todo el verano para atender pacientes de COVID. El verano era una época en donde la situación de contagios y muertes, en palabras de Pamela, estaba relativamente estable. Aún así, luego de escuchar los detalles, volvió a lavarse las manos con más cuidado. Pero, para ella, las preocupaciones también han llegado a un límite.

 

Siguen tomando medidas. Entre las medidas que todavía siguen está no ver a los papás de Lars. En toda esta crisis, sólo los han visto dos veces. También, el ahora les dice que, en un futuro cercano y no tan cercano, no volarán a Costa Rica, precisamente por la situación a la cual se enfrenta su país con respecto al COVID. El 23 de octubre, Costa Rica llegó a 100 000. A la misma fecha, Suecia contabilizó 110 600 casos. Mientras tanto, respetan las burbujas sociales del vecindario y buscan mantener la distancia, en lo que se ha convertido en la cotidianeidad, en el día a día que ahora es así.

 

“Uno no puede dejar de cuidarse. Pero yo me siento más acostumbrada, me siento más tranquila, pero me siento acostumbrada”, Pamela asiente con firmeza. “Psicológicamente, ya no puedo sentir más preocupación que la que sentía en marzo, abril y mayo. Ahora nada más me trato de cuidar. Ya se agotó la cuota de preocupación.”

 

Fuentes:

https://www.statista.com/chart/21891/covid-19-deaths-in-scandinavia/

https://time.com/5800901/coronavirus-map/

https://time.com/5899432/sweden-coronovirus-disaster/

https://www.statista.com/topics/6267/coronavirus-covid-19-in-sweden/

https://www.statista.com/statistics/1043366/novel-coronavirus-2019ncov-cases-worldwide-by-country/

https://www.worldometers.info/coronavirus/country/sweden/

https://www.newstatesman.com/world/europe/2020/10/sweden-s-anders-tegnell-we-did-not-pursue-herd-immunity-against-covid-19

https://www.krisinformation.se/en/hazards-and-risks/disasters-and-incidents/2020/official-information-on-the-new-coronavirus/visiting-sweden-during-the-covid-19-pandemic

Folkhälsomyndigheten Antal fall av covid-19 i Sverige

 

 

 

 

 

 

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